Las características físicas de la Vega de Granada han favorecido desde tiempos inmemoriales el desarrollo agrícola de este territorio. El suelo de la Vega está formado por una aglomeración de arcillas, arenas y limos especialmente aptos para la labor, que han dado lugar a una intensa actividad (Menor, 2000). Por otro lado, la existencia de agua no ha supuesto, -hasta épocas recientes-, ninguna restricción a su crecimiento, pues ha estado disponible en sus ríos (sobre todo en el Genil) y en el potente acuífero existente.

   Durante la ocupación romana y musulmana, se desarrolló un hábil manejo del agua que ha dejado numerosos vestigios patrimoniales en esta zona (Menor, 2000), configurando una compleja y rica red de acequias. La posterior expulsión de los moriscos en el siglo XV y la paulatina repoblación supusieron un descenso de la densidad de población y con ello de la producción agraria, pese a lo cual los regadíos continuaron ocupando la extensión heredada de los árabes.

   A partir del siglo XVIII se desarrollaron entre otros cultivos los del cáñamo, lino, cereales y habas, favorecidos por la desecación de la zona pantanosa de Fuente Vaqueros, que aumentó la superficie de regadío disponible. A finales de este siglo se introdujo la remolacha, lo que supuso un impulso económico para la Vega y también para la ciudad de Granada, originando más de una decena de azucareras, cuyos oficios conforman hoy día elementos singulares del paisaje. A partir de 1940 la remolacha fue sustituida por cultivos necesarios para cubrir las demandas de un periodo de postguerra, como la patata y el maíz, así como por algunos de carácter más industrial como el tabaco. Así, a mediados de siglo XX la Vega constituía un área dedicada, junto con los cultivos anteriores, a la producción de toda clase de verduras, hortalizas, algunos frutales y choperas.

   Respecto del crecimiento urbano, puede decirse que es a partir de la década de los 90 cuando se produce la explosión de la ciudad de Granada, traspasando su crecimiento los límites del término municipal. Así, los hasta entonces pequeños pueblos de la Vega se convierten en pequeñas ciudades dormitorio, todo ello ocasionado por la subida de precios del suelo en el núcleo urbano y por la escasez de espacios disponibles para el crecimiento (-el último Plan General de Ordenación Urbana de Granada, año 2007, reconoce que apenas queda un 10% de espacio disponible en el término municipal, por lo que el desarrollo del área metropolitana es imparable).

   Este fenómeno ha supuesto una amenaza para el espacio fluvial y para la actividad agrícola de la zona, pues la rentabilidad del negocio inmobiliario ha ocasionado una elevada transformación de los suelos agrícolas. Resulta por tanto necesario analizar cómo se están produciendo estos cambios con el fin de establecer escenarios futuros que sirvan de punto de partida a las decisiones de la planificación.

 

EVOLUCIÓN DE LOS USOS DEL SUELO EN EL ESPACIO

FLUVIAL DEL RÍO GENIL EN LA VEGA GRANADA; OPORTUNIDADES Y RIESGOS

(Rodríguez, M. I., Cabrera, D., Cordero, L., Martínez, C. y Grindlay, A.)

 

 

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